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De Katmandú a Lhasa por la Friendship road, El Tibet. El primer Road trip del viaje!

Jueves, septiembre 30th, 2010

Hola a todos!

La primera semana de septiembre hemos estado en el Tibet, o el estado de Si Zang en China, por desgracia. Vereis que colgamos varios posts seguidos, hemos estado en sitios donde el tema de internet no está muy avanzado…

Antes de empezar con el relato, queremos dejar constancia de lo impactante que nos ha parecido el control de los chinos en esa zona. Ver en directo una colonización tan abrumadora es algo que no te deja indiferente, y la manera tan descarada que tienen de hacerlo en pleno siglo XXI es cuando menos descarada. A pesar de ello, los tibetanos siguen siendo una gente fenomenal con mucho que ofrecer y muy poco que exigir.

Como la mayoría sabréis, el Tibet fue conquistado en el año 59 por los chinos sin apenas poder oponer resistencia, y desde entonces han desarrollado la zona como una especie de circo para el turista chino medio, con poco o ningún respeto por su cultura y una represión digna de cualquier dictadura.  Si queréis saber más sobre el tema echadle un ojo al blog de nuestros queridos ciberamigos Uschi y Robert   (www.ursulayroberto.blogspot.com ).

Bueno, tras esta reflexión os contamos que tal ha ido. Lo primero deciros que hasta ahora ha sido de las cosas más auténticas que hemos visto, a pesar de lo comentado y gracias exclusivamente a la gente y la cultura tibetana, basada en el budismo como forma de vida. Empezamos la travesía en Katmandú, llegando con un todoterreno hasta la frontera. Tras algunas horas de viaje todos los coches y camiones empezaron a parar pues el monzón había dejado varios desprendimientos de tierra, así que nos tocaba echarnos la mochila al hombro y tirar pal monte… suerte que en Nepal decidimos prescindir del trolley de Claudia y comprar una mochila bien baratita, porque si no íbamos apañados… fue muy bueno porque  como pensábamos que la cosa iba a ser más bien suave, Claudia decidió ponerse las chanclas para ir “ más cómoda”, y el show fue de campeonato, resbalando en la montaña, cagándose en todo, en fin… os lo podéis imaginar. Sin embargo lo que podía haber sido una putada se convirtió en una aventura inolvidable. Por suerte el tío que nos montó el viaje es un enterado y tenía espías por ahí para llevarnos desde el otro lado de los desprendimientos a la frontera (nota: no puedes ir al Tibet por tu cuenta. Gracias a los chinos, tienes que contratarlo todo de antemano, incluyendo a un guía y un conductor y sus respectivos salarios. )

La primera parada  después de la burocracia en la aduana fue Zang Mu un pueblo fronterizo con cierto encanto situado a unos 2.400 metro de altura. Cabe decir que en este viaje es importante ir parando para aclimatar pues los pueblos están situados a muchísima altura, ese era el único propósito del “ lavabo de infierno”, como apodan a Zang Mu cariñosamente los tibetanos.

Seguimos hacia el nordeste camino de Nyalam. La ruta era una auténtica pasada, era como volver atrás en el tiempo, Yaks( una especie de bueyes peludos de los cuáles se comen hasta el tuétano), montañas increíbles, cascadas, naturaleza en estdo puro y pueblos muy muy poco desarrollados, mirad como calientan el agua para el té…

Una de las particularidades del Tibet, excepto en un par de puntos clave, es que  las guesthouses y hoteles  así como los restaurantes son realmente asquerosos y supercaros, por un tema tan sencillo como que apenas hay.  Nos temíamos que en Nyalam, a unos 4 grados de temperatura nos tocase dormir en algún sitio sin ventanas y mucho menos ducha. Y así fue en un principio, cuando nos llevaron al que sin lugar a dudas iba a ser el peor sitio donde hemos dormido en nuestra vida. Finalmente hablando con otros viajeros supimos que habían abierto un nuevo hostal que estaba fenomenal y nos pudimos cambiar. Para que os hagáis una idea del primero, las mantas de las camas eran alfombras roídas, parecía más una cárcel que un hotel…

No lo hemos comentado, pero la gracia de este viaje está en el viaje en sí mismo, no en las paradas que haces( al menos los primero días), pues es adentrarse en un mundo completamente distinto al que estamos habituados. Merece la pena,  os lo garantizamos.

La gran atracción turística de  la zona son los monasterios, y es que son muy muy auténticos, debido como os decíamos a la grandísima devoción que tiene esta gente por la religión. Y eso el lo que íbamos a ver en Shigatse, su increíble monasterio.

Para nosotros, lo mejor, ya no sólo de Tíbet, si no de todo el viaje, no es tanto ver cosas como palacios antiguos o templos milenarios, sino más bien poder ver la vida que se hace en ellos, lo vimos ya en el templo de Hampi o Mysore en el sur de la  India, entre otros. De hecho, al 5º monumento, templo, palacio, monasterio, medio en ruinas ya estás hasta los… especialmente si hay un guía dándote el coñazo con lo que se supone que pasaba ahí. Lo que los hace especiales es verlos llenos de vida, y sobretodo en lo que respecta a lo religioso, tanto el hinduismo como el budismo son ejemplos de entrega, ritos y devoción.

El caso es que en Tíbet podías sentirlo de verdad. Los monjes rezando al unísono, la gente absorta en sus oraciones, montones de tradiciones vivas que te sorprendían en cada nueva sala en la que entrabas, una pasada. Pudimos estar como 6 horas dando vueltas disfrutando, y eso para nosotros que nos aburrimos con facilidad es un record.

De Shigatse fuimos a Gyantse, a ver otro monasterio, y tal cuál era el anterior, aunque algo menos ostentoso pero también muy espectacular, con una estupa enorme. Tanto Shigatse como Gyantse en sí mismas carecían de demasiado interés, ya que se habían convertido mayormente en centros de comercio chino, pero la mezcla era interesante( y también un gran ejemplo de lo que comentábamos en un principio sobre la invasión china).

La última parada era Lhasa, la joya de la corona y capital del budismo tibetano. El palacio de Potala y el monasterio de Sera son espectaculares y la ciudad antigua era muy especial. Era curioso porque Potala era exactamente como lo imaginaba, tal cuál la peli de “Siete años en el Tibet”, de verdad, con el trono y la sala de recepciones, el lugar dónde el actual Dalai Lama estudiaba antes de exiliarse idéntico, y además muy cuidado. Muy interesante, pero como os comentábamos, echamos en falta la vida que por justicia le pertoca. No fue así en los monasterios y templos, que una vez más nos dejaron con la boca abierta.

Como datos curiosos os diremos que fuimos a Lhasa por un paso de montaña de 5200 metros, ahí si que tuvimos un poco de dolor de cabeza… también que probamos la carne, el queso, la mantequilla etc… de yak, realmente asqueroso para nuestro gusto, pero bueno… que nos quiten lo bailao( o en este caso, lo zampao).

Además como Claudia no podía dormir bien por la noche la bendijeron poniéndole un pegote negro en la nariz, que por lo visto solo ponen a los niños pequeños, y fue el cachondeo de todo el monasterio.

Para terminar, el Tibet nos ha encantado. Si bien hemos estado poco tiempo y no hemos dejado de ser simples viajeros, creemos que es un lugar increíblemente especial que merece la pena visitar.  Nos solidarizamos abiertamente con su causa y esperamos que un día pueda brillar con todo su esplendor como lo hizo antaño. FREE TIBET.