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Luang Prabang, Vang Vieng, Vientiane y Si Phan Don, Laos. Siguiendo el cauce del Mekong en buena compañía.

Jueves, noviembre 18th, 2010

Hola a todos!!

Como habéis podido deducir seguimos en la brecha, hemos decidido hacer un esfuerzo e intentar olvidar la mala experiencia del dengue en Tailandia( Claudia le ha cogido una manía horrible y no quiere ni oír hablar de ese país). Os agradecemos a todos las palabras de ánimo, nos han dado fuerzas para relativizar los problemas y seguir adelante con nuestro sueño, no importa cuando, os devolveremos el favor. Vamos a por ello:

Tras unos ajustes en el equipaje para ir lo más ligeros posible nos dirigimos al norte de Laos, dónde nos esperaba uno de los lugares más recomendados de todo el viaje, la maravillosa ciudad de Luang Prabang. La verdad es que la fama es bien merecida, se respira un ambiente y una paz( eso nos vino de perlas la verdad) poco comunes en los spots que veníamos visitando últimamente. Después de oír durante 5 meses lo espectaculares que eran los festivales en India y el sudeste asiático,  ya teníamos ganas de ver uno, y la verdad, qué mejor que hacerlo en Luang Prabang, un lugar con una espiritualidad y un entorno inmejorable. Fue una oportunidad única en la vida, nos sentíamos como reporteros de Lonely Planet viendo ese folklore tan auténtico, por supuesto todo alrededor del maravilloso río Mekong y sus preciosa arquitectura colonial.

Por si eso era poco,  tuvimos la suerte de coincidir en ruta con Luis y Michelle, con quienes hicimos muy buenas migas en Koh Tao. Con ellos hemos viajado durante casi un mes y nos ha ayudado mucho porque nos han transmitido la alegría y el optimismo que necesitábamos, depsues de estar un poco chafados. En Luang Prabang hemos hecho un montón de actividades y hemos disfrutado mucho de cada una de ellas. Hicimos una ruta en kayak por el río y vimos unas cascadas bastante potentes, entre otras cosas.

Pero lo que fue una pasada fue la procesión de barcos que hacían diferentes comunidades para echarlos al río en señal de agradecimiento por el fin de las lluvias( estábamos tan contentos que tendríamos que haber echado uno nosotros también! POR FIN SE ACABÓ EL PUT… MONZÓN!). Fue un momento realmente bucólico.

Después de Luang Prabang teníamos una parada un poco polémica, Vang Vieng, tan pronto nos hablaban genial como nos contaban que era una basura, pero decidimos sabiamente. En nuestro caso, los 4 coincidimos en que es una pasada. Me voy a explicar, Vang Vieng forma parte de la ruta farrera del sudeste asíatico junto con Kao San Road( Bangkok) y Ko Paghnan en Tailandia entre otros, y tiene muy mala reputación pues la gente piensa que sólo hay turistas borrachos y fiesta sin control. Vang Vieng es sobradamente conocido por su deporte local, “el tubbing”, consistente en tirarse por el río en un neumático tipo Isla Fantasía e ir parando en los diferentes bares ubicados a ambas orillas de éste a tomar “buckets”, que son cubos de esos para que los niños hagan castillos de arena, llenos de ron cola barato u otras delicias etílicas. Para darle más emoción, la gente se dedica a  lanzarse en tirolinas en plan Tarzán al río tras un shot de Lao Whisky, una bebida de dudosa calidad que poco tiene que ver con el whisky escocés. Lo curioso es que casi nadie habla del resto de cosas que se pueden hacer allí, y es que el entorno natural es una auténtica pasada.

Nos dedicamos a hacer escalada( que por cierto, ME FLIPÓ, voy a aficionarme a hacerlo cuando llegue a Barcelona seguro, toma nota Eugenio), excursión en moto, visitar unas cuevas espectaculares… una de ellas era la water cave, que consistía en una serie de grutas llenas de agua proveniente del río con más o menos un km de recorrido, una pasada!!! Lástima que Claudia no se lo pasó tan bien porque no veía nada claro el tema de la seguridad. Por supuesto, donde fueres, haz lo que vieres,  así que hicimos el tubbing como está mandao, aunque creo que hubiéramos disfrutado más hace unos añitos, de todos modos estuvo muy divertido. No entiendo a la gente que dice que Vang Vieng es la vergüenza del país, en todo caso lo serán los que maltratan el entorno o a su gente, cosa que sinceramente no vi,  creo que la realidad es que da un montón de trabajo a la comunidad y la gente se comporta con mucho respeto hacia ellos a pesar de ir más pedos que Alfredo, cada uno con lo suyo, no? rompo una lanza a favor del tubbing.

Después de Vang Vieng nos dirigimos a la capital, Vientian, que fue una agradable sorpresa. La ciudad tenía mucho más encanto del que cuentan, casas coloniales, panaderías suecas, un montón de restaurantes japoneses supercosmopolitas… y eso además de la cantidad de templos que había por la ciudad, en fin, una delicia. Nos dimos un caprichazo y nos fuimos a cenar todos a un japonés rematándolo con un KARAOKE!! Encima privado, de los que usan los japoneses en Tokio. Los que nos conocéis ya sabéis lo mucho que nos gusta hacer el chorra de este modo, así que podéis imaginar como nos lo pasamos.  Claudia me dedico una versión muy sentida de “more than words” que me robó el corazón todavía mas.

Venía en ese momento el viaje temido, 14 horas en bus para bajar a Pakse, la ciudad más grande del sur, y 4 más para llegar a las 4.000 islas, en la frontera con Camboya. El viaje no fue tan duro para nosotros como nos habían relatado y como era bus “cama” dormimos casi todo el trayecto. Por si estáis perdidos, son islas fluviales, Laos efectivamente no tiene mar.

En las 4.000 islas estuvimos en Don Khon, una islita muy tranquila donde pasamos los días yendo en bici y bajando un poco el ritmo después de tanto tute, estaba muy bien, tenía bastante encanto. La gente que vive en estas islas es muuuy apalancada, así que se nos pegó eso de estar todo el día con un ritmo muy suave. Allí además conocimos a varia gente que iba en el mismo plan que nosotros y eso le dio al lugar un plus pues cada noche nos reuníamos para comentar los viajes que habíamos hecho o las aventuras que habíamos pasado, dos de ellos habían estado en Chile con el terremoto, la historia era impresionante!!! Por suerte no les pasó nada.

Para terminar, sólo deciros que Laos nos ha dado el impulso que necesitábamos gracias a su gente y a su maravilloso entorno, y por qué no, a nuestra actitud, un elemento clave cuando viajas tanto tiempo. Tal como nos pasó en Birmania, se nos ha hecho muy fácil viajar aquí y aunque nos hayamos movido bastante hemos conseguido cargar pilas para próximas odiseas. Ahora nos espera Camboya, y junto a Luis y Michelle seguimos en ruta hacia lo que sólo conocemos por lo que nos han contado, pero estamos seguros que no nos defraudará.

Os echamos de menos

M&C