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Medellín, Cali, el eje cafetero, la costa pacífica y Bogotá. Colombia. Un país de contrastes

Martes, agosto 2nd, 2011

Nuestros últimos días del viaje los hemos pasado viajando por el oeste colombiano. Desde nuestra última parada en Capurganá decidimos adentrarnos en el eje cafetero haciendo parada previa en Medellín. No sé si fue su gente o que se parece más a casa, pero estuvimos muy a gusto allí. Una vez más, no nos dedicamos a turistear y ver monumentos contrareloj, sino que preferimos estar 3 días tranquilos paseando por el barrio del hostal y haciendo vida normal. Se ve un contraste bestial con el caribe, una ciudad que poco tiene que envidiar a Europa la verdad, mucho mñas segura de lo que pensábamos y donde se jactan de ser los más modernos del país y casi de latino América. Aun así no es plan de investigar los barrios suburbiales por la noche.

Sin más que hacer nos fuimos hacia Salento, en pleno eje cafetero. Es un pueblo de ensueño, no es muy turístico pero tiene hostales muy agradables, cafeterías encantadora y la atmósfera de pueblo rural en medio de montañas. Se pueden hacer cosas pero la gente no te avasalla, en fin, que fue una delicia. Desde allí fuimos a ver el maravilloso valle del Cocora en una excursión que casi me deja sin aliento. Es un rain forest (como dicen los gringuitos)  que viene a ser como un bosque selvático, es muuuuy distinto a casa y menos conocido que la jungla en sí, pero a la vez es muy especial, lleno de vegetación espesa que contrasta con árboles altísimos y unas palmas de unos 30 metros espectaculares.

Por supuesto y por recomendación de un montón de amigos fuimos a ver al famoso aunque sencillo “Don Elías”, un señor dedicado al cultivo del café que hace visitas en su finca. Fue un gustazo pasar el día con él hablando de su trabajo y como llegó a ser quien es, esa paz interior no se consigue fácilmente. En Salento también jugamos al Tejo, una especie de petanca local consistente en tirar unas pastillas de hierro a una diana de barro con petardos en medio, ya os podréis imaginar cual es la gracia y como se consiguen puntos… digamos que a Claudia se le dio mejor el surf pero nos divertimos mucho. Como siempre la gente, excepcional.

Pasamos por Cali a la que volveríamos días más tarde para ir a la costa Pacífica. Como colofón del viaje contratamos una expedición de buceo a la isla Gorgona, que prometía ser espectacular.Fueron 5 días en el barco buceando y visitando la isla. Algo desde luego diferente a lo que habíamos estado haciendo. El buceo impresionante, peces enormes, meros, tiburones de punta plateada, tortugas gigantes de tres en tres, incluso un tiburón ballena de 8 metros que claudia se perdió porque le dio pereza hacer la última inmersión, todo eso aderezado con corrientes fortísimas, total, muy diferente de lo visto hasta ahora. La isla en sí misma ya merecía un viaje. Viene a ser el Alcatraz de Colombia, pues fue una prisión hasta mediados de los 80 donde a los presos les hacían todo tipo de perrerías.

Al ser clausurada se convirtió en parque natural, y la verdad es que es pura jungla, parecía la isla de “Lost”. Por supuesto lleno de animales rarísimos. Al estar en el pacífico coincidimos con la temporada de cría de ballenas, y esta vez sí las vimos cerquísima! Incluso en las inmersiones nocturnas se podían oir, era brutal.

De vuelta a Cali pudimos disfrutar de unos días tranquilísimos en el barrio de San Antonio, nos hicimos mucho con la gente del hostal y estuvimos muy cómodos. La ciudad apunta maneras y se percibe bastante que es una ciudad de tendencias, y además hay verdadera pasión por la salsa. Lamentablemente eso nos lo perdimos, así que no podemos valorar.

Los últimos días del viaje los pasamos en Bogotá. Es una ciudad bonita de día y horrible de noche. El centro vale la pena visitarlo pero la verdad es que no nos encantó. También influiría que en pocos días estábamos en casa y teníamos ganas de llegar. Como decía nuestro amigo Dídac en su blog:  “ …és una ciutat que no m’agradat gens però la realitat és que tinc moltes ganes de tornar a casa”.

En el próximo y tal vez último post os comentamos como ha ido la vuelta, aunque la mayoría ya lo sabéis!

Un abrazo a todos!

M&C

Cartagena y la costa atlántica, Colombia. Bienvenidos al Caribe

Lunes, julio 11th, 2011

La cosa ya se está acabando y llegamos a nuestro último destino, Colombia. Después de una breve estancia en Bogotá con un frío tremendo, nos fuimos al calor del Caribe. Nuestra idea era poder colaborar un tiempo con una organización sin ánimo de lucro y nuestros amigos Uschi y Robert nos lo pusieron bien fácil dándonos todo tipo de contactos. Total, que en dos días ya habíamos contactado con la Fundación Amanecer y nos pusimos manos a la obra. Nos alquilamos un apartamento en el centro de Cartagena y empezamos a llevar una vida rutinaria por primera vez desde hacia mucho tiempo.

La ciudad amurallada de Cartagena es una maravilla, la ciudad colonial más bonita que hemos visto. Está muy cuidada, hay colores y plantas por todas partes y el clima caribeño le da un sabor muy especial. La Fundación Amanecer se dedica a básicamente a ayudar a personas con pocos recursos a encontrar una salida laboral y tener una vida digna. Cartagena a parte del centro turístico que es lo que todo el mundo visita, es una cuidad de 2 millones de habitantes. Si a eso le sumas que es la cuidad con más desplazados de todo el país debido a la guerrilla, encuentras una cuidad con grandes desigualdades sociales.

Claudia se dedicó sobretodo a hacer formaciones sobre búsqueda de trabajo y elaborar material de trabajo para los técnicos. A Moncho le tocó rememorar grandes momentos con el Excel analizando datos estadísticos y también hizo un par de formaciones de ventas y contabilidad, para personas beneficiadas de microcréditos. Nuestro día a día era el propio de cualquier oficina, con las bromitas de Eudes por la mañana, la energía de Marcela, la sonrisa de la Dra. Nieves, nuestro café de la mañana en el “bar de la esquina” (ver foto) y toda la gente en general que era encantadora.  Moncho se ponía de mala leche cuando no funciona Internet  y claudia iba de culo por encontrar un ordenador disponible y acabar el trabajo que había prometido. El tiempo se nos pasó volando. Siempre había mil cosas que hacer y nos trataron fenomenal. Nos sentimos parte del equipo de trabajo y los usuarios y usuarias eran gente muy agradecida y entrañable.  Hemos tenido una vivencia nueva en el viaje, pero sobretodo hemos tenido la suerte de aprender muchas cosas con ellos.  El último día fue muy emotivo, nos sorprendieron con un almuerzo riquísimo y nos hicieron un regalo precioso. Muchas gracias a todos por habernos dejado formar parte de vuestra familia.

Los fines de semana aprovechamos para conocer otras partes de la costa caribeña.  Nos encantó el Parque nacional del Tayrona. Impresiona la jungla a dos metros del mar. Pudimos descubrir la fuerza de la naturaleza una tarde de lluvia cruzando un pequeño riachuelo que se convirtió en un torrente incontrolable. Casi nos quedamos aislados, fue un momento de tensión cuando Claudia habiendo cruzado, empezó a gritarme que cruzara cuanto antes o me quedaría allí hasta el día siguiente. Conseguí cruzar agarrándome a los troncos que flotaban y la mano de Claudia.

Otro fin de semana fuimos a Playa Blanca, en la Isla Barú. Una playa paradisíaca a una hora de Cartagena. Si bien parece bastante turística, te alejas doscientos metros y te encuentras casi solo. Eso sí, quien ha dicho que en el paraíso habían duchas o electricidad?.

Cuando acabamos el voluntariado, nos sentimos como de vacaciones. Nos fuimos volando a Capurganá. Según decían, el auténtico Caribe. Estuvimos una semana buceando, haciendo excursiones e incluso, pusimos un pie en Panamá, en la playa de La Miel. Pero que queréis que os digamos, después de haber vito todas las playas del sudeste asiático, nos parecieron bonito pero no súper especial.  El Caribe colombiano ha resultado ser muy diferente a todo lo que conocíamos y realmente se percibe otro ritmo.  Hemos podido profundizar más que en otros lugares y probablemente por eso lo recordaremos con un cariño especial. Moncho no puede decir lo mismo del vallenato, una música que nunca olvidará.

En el próximo post os contamos nuestra experiencia en la parte occidental del país, nuestra última etapa del viaje.

Besos a todos.