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De Fortaleza a Sao Luis y Sao Paulo, Brasil. A rota das emoções

Jueves, julio 7th, 2011

Los días seguían tranquilos por la costa del nordeste de Brasil.  Después de Canoa Quebrada seguimos como siempre hacia el norte y llegamos a Fortaleza. No queríamos quedarnos allí, pues después de Natal nos dimos cuenta de que las ciudades en la costa son muy turísticas, llenas de edificios altos y sin encanto. Así pues decidimos seguir la ruta hacia Paracurú, una hora al norte de Fortaleza. Es un pueblo, parecido a ciudad de provincia.

Como no nos llamó mucho la atención nos quedamos una noche y continuamos el camino. Al día siguiente, pretendíamos llegar a Lagoinhas. Inocentes de nosotros pensábamos que había un transporte directo o al menos una carretera directa por la costa. Pero no fue así. Creo que cogimos el peor bus de nuestro viaje. Tardamos dos horas y media en recorrer unos 50 Km. Y no era por el tráfico ni  nada de eso. Simplemente paraba en cada casa que había por el camino de carros que unía los pueblos. Moncho estaba desesperado. Cuando llegamos al primer pueblo con terminal de buses nos bajamos y cogimos otro bus, cualquiera que nos llevara a la costa de nuevo.

Así fue como paramos en Fleixeiras. Una maravilla. Para nosotros, la esencia de la costa del nordeste. Sin mucho turismo, lo justo. Playa perfecta. Gente encantadora. Restaurantes y hospedajes con mucho encanto y precio razonable. Un sitio maravilloso donde estuvimos unos días muy a gusto. Comimos, bebimos, descansamos, todo eso que a uno le gusta hacer cuando esta en la playa. Cuando quisimos movernos hacia Jericoacoara nos dimos cuenta otra vez de la carencia de infraestructura que hay en esa zona. Por lo visto lo mejor era retroceder 200km hasta Fortaleza y de allí coger un bus directo a Jeri. Pero no queríamos retroceder. Conocimos a Paulo, un bugueiro de Fleixeiras que nos explico las rutas que hace por toda la costa. Nos encantó la idea y allí fuimos, con Paulo y su sobrino, las mochilas, el buggi y nosotros. Rumbo a Jeri, en dos días.

Como Paulo decía, “es una gran aventura”. 300km por la playa, la mejor autopista de la costa. Cruzamos ríos, esperamos la marea baja, nos perdimos, nos quedamos encallados en la arena…en fin, un viaje súper chulo. Dormimos en Ilha do Guajiru, parecía un pueblo fantasma pero en temporada se pone a tope. Por cierto, Moncho se quedo encantado porqué pudo conducir el bugui varios tramos, y su sonrisa hacía valer todo lo que costaron los transportes en el país.

Cuando llegamos a Jeri estábamos muy contentos, todo el mundo nos había contado maravillas de este sitio.  La verdad es que es un pueblo encantador, con las calles de arena, tiendecitas, bares, muchos hostales monos…pero la temporada baja lo hace un poco mas aburrido. No hay viento en esas fechas y Moncho se quedó chafadísimo porque llevaba meses hablando de cuando supiera hacer kite surf. Se quedo sin  su curso y estuvimos en Jeri, una vez más, relajándonos, comiendo y bebiendo. Ah, también hicimos otra excursión en buggi y  sandboard.

La cosa empezó a ser cómica cuando pretendimos movernos para ir a los Lençóis Maranhenses, una vez más no se podía llegar en autobús. Nos pusimos de acuerdo con una pareja para coger juntos un transporte privado directo y bien de precio, pero nos dejaron colgados en el último momento, así que tuvimos que coger varios transportes para llegar. Lo cosa fue así: primero un 4×4 (jardineira) hasta los topes, y hasta los topes significa ir 16 personas en el coche,  hasta Camocim. Allí cogimos una furgoneta que nos dejó en Parnaiba. Pasamos la noche allí y por suerte encontramos otro viajero para compartir gastos y cogimos otro jeep que nos llevó hasta Caburé, donde cogimos una lancha hasta Barreirinhas. Todo fueron menos de 200 km, y no os mentimos si os décimos que fuimos por la vía rápida.

Ya, por fin en Barreirinhas, preparamos nuestra visita a los Lençóis, lamentablemente, no hicimos el trekking a través de las dunas porque ya no teníamos suficientes días y Claudia no estaba muy fina después de toda la movida.

Los Lençóis es algo realmente impresionante. Una maravilla de la naturaleza. Y la excursión hasta allí fue una vez más una auténtica aventura, cruzando ríos, pasando por la jungla en un camión adaptado para el terreno en plan paris-dakar.

Rematamos la región del Maranhão en São Luís. Una ciudad colonial muy especial. Si bien se está cayendo a trozos eso le da un aire enigmático muy auténtico. Estuvimos un par de días callejeando y disfrutando de la cultura pre amazónica, con mucho mestizaje y música negra. Era impresionante ver un pelourinho (centro histórico) lleno de colores pero a su vez tétrico por el abandono sufrido.

Dejamos atrás el nordeste y las playas y nos fuimos a ver a nuestros amigos Roberto y Cati a São Paulo. La ciudad es enorme, impresionante. Da la sensación de que se mueve muy rápidamente y crece sin medida. Todo está lleno de edificios altos de oficinas y viviendas. Se percibe que se está convirtiendo en una gran potencia económica en Suramérica y es un gran contraste con la otra parte del mismo país que conocimos. Cati y Roberto fueron unos anfitriones excepcionales. Nos sentimos muy a gusto y literalmente como en casa. La sensación de tomar el desayuno en pijama viendo la tele un domingo hacia mucho que no la vivíamos. Estuvimos paseando a los perros en el parque, cenando pizza y tomando algo en el bar de moda, en fin,  todo muy “normal”. Nos encantó estar con ellos.

En definitiva, en Brasil disfrutamos muchísimo en aquellas playas kilométricas, salvajes y solitarias. Las caipirinhas saben mucho mejor allí y la samba en directo en Jeri nos encantó. Aprendimos a chapurrear el portugués y disfrutamos mucho hablando con la gente en un mezcla de catalán-francés-español. Tuvimos cierta mala suerte con el clima y los precios que no esperábamos (sobretodo para movernos), pero como decimos siempre estamos encantados de haberlo vivido, pues este viaje no estaba pensado para ser fácil sino para poder vivir una experiencia completamente nueva, y Brasil desde luego lo ha sido. Eso sí, la próxima vez que volvamos iremos algo más holgados de dinero!

Nuestra experiencia en Colombia está siendo cuando menos diferente, os contamos en próximos episodios de los Backcouple!

Besos a todos!

M&C

De Recife a Canoa Quebrada, Brasil. Volvemos al trópico

Sábado, junio 25th, 2011

Después de 4 meses sin pisar una playa decente nos moríamos de ganas de ir a Brasil, el paradigma de playa, sol, relax y buena vida. Escogimos nuestro destino cuidadosamente, queríamos sólo playa y aventura, y por eso fuimos al nordeste. Como colofón debíamos encontrarnos con nuestro buen amigo Edu, quien por trabajo estaba un tiempo en el país y decidió pasar las vacaciones de semana santa con nosotros.

Al llegar a Recife nos alquilamos un coche y fuimos hacia Pipa, capital del surf el en nordeste y pueblecito encantador por excelencia. Nos dedicamos a pegarnos la buena vida durante unos días de descanso de trabajo incesante en el caso de Edu y de actividades en el nuestro. Fuimos también como no a estrenar las olas del lugar. A Edu se le dio de coña y estoy seguro que continuará, igual que a Claudia, no puedo decir lo mismo de mí, que parezco haberme estancado desde los primeros días que lo probé. Fue como siempre muy divertido y además había un ambientazo. Durante nuestra estancia conocimos a María José, medico española viajando un tiempo por sur América, e hicimos tan buenas migas que nos fuimos todos juntos a Porto Galinhas.

Porto Galinhas resultó ser el epicentro de los domingueros brasileños, y su playa, conocida por tener piscinas naturales de coral estaban a reventar. Aún así nos lo pasamos bien y además el tiempo estuvo fenomenal. Bueno, no lo hemos comentado, pero para variar, era el mes del monzón, el único mes del año que llueve en el nordeste, menuda mala suerte! La mayoría de días ha estado diluviando!!

Tras dejar a Edu en Recife de nuevo para coger su vuelo a DF nos encaminamos hacia Natal, no tanto por gusto como por pragmatismo, pues las conexiones en esa parte del país son un desastre y te tiras 4 horas para hacer 100 kilómetros( más adelante tendríamos serios problemas con eso).

En Natal disfrutamos de nuestro primer paseo en bugui, aunque sea una turistada allí la verdad es que es una pasada! Lo más gracioso fue llegar al hostal y ver que el dueño estaba completamente chalado, a las 3 de la mañana puso la música a toda maquina emborrachándose con sus amigos, y como la habitación no tenia ventanas nos comimos la fiesta con patatas toda la noche. Ah! Se me olvidaba, si bien Brasil es un país carísimo( más que España en muchas cosas) , en esta zona tocan muy bien la langosta, y como hay muchas es barato, así que nos pegamos un festín digno de mención!

Seguimos ruta hasta Canoa Quebrada, un pueblecito tipo Pipa aunque más conocido por los locales. Canoa estuvo bastante bien, en plan tranquilos pasando los días en la playa, viendo el fútbol, leyendo… en fin, empezábamos a ver que entre el mal tiempo y lo caro que es hacer cosas nos aburriríamos un poco, y lamentablemente así fue. Sin embargo, el hecho de encontrarnos en Pipa con un buen amigo y alguna sorpresita más que nos deparaba el futuro hizo que Brasil mereciera una visita. Os seguimos contando como nos fue por la costa del nordeste en el próximo post.

Un abrazo a todos!

M&C