Hola a todos!
Después de un montón de tiempo sin escribir en el blog y sobretodo sin viajar retomamos con ilusión nuestra crónica particular, en esta ocasión viajamos a Borneo!. Hacía un año que habíamos vuelto de nuestro gran viaje y teníamos mucha morriña de aquellos días, así que sin pensarlo dos veces compramos billete a Malasia. Por qué viajar a Malasia otra vez? pues porque en su momento quisimos ir a Borneo y era monzón, y era sencillamente uno de los lugares que nos quedamos con las ganas de conocer.
Tras 20 horas viajando entre vuelos y escalas llegar a Kuala Lumpur fue un verdadero shock. Parecía como si nunca hubiéramos vuelto a Barcelona, recordábamos las calles, los olores, hasta el clima se nos hacía muy familiar, esa humedad y ese calor asfixiante era delicioso para nosotros, una explosión de sensaciones que nos hicieron pensar: “Por fin en casa”.
Nos dedicamos un par de días a pasear y recorrer los mismos lugares que habíamos visto 2 años atrás ( Malasia fue nuestra primera parada de la vuelta al mundo). China Town, Little India, las Petronas, los centros comerciales con el aire acondicionado a 10 grados… no sé si era el estrés acumulado pero nos relajó muchísimo estar allí. 
Como no podía ser de otro modo, no pasó algo insólito: Caminando hacia el hotel oímos “Claudia!!????”, nos giramos y resultó ser una pareja de amigos de Claudia ( Laura y Edu), residentes en Pekín que estaban pasando una semana de vacaciones en Malasia, qué casualidad!!! y como tampoco podía ser de otro modo nos fuimos a disfrutar la “nuit” de KL todos juntos para celebrar el reencuentro. Fue una buena noche y un buen augurio, la suerte estaba de cara.
Ya asentados en el sudeste asiático llegaba la emoción, la isla de Borneo!! Claudia llevaba meses leyendo sobre el tema, sin embargo yo en esta ocasión decidí dejarme sorprender.
Llegamos a Kota Kinabalu, principal ciudad del Borneo malayo, y el primer impacto fue MALO, no os voy a mentir. En lugar de encontrarnos con un pueblito exótico como teníamos en la cabeza, vimos una ciudad enorme con problemas de tráfico, ruido, suciedad y a priori poco encanto. Hay que decir que en el fondo lo sabíamos pero vaya, Borneo no suena a eso precisamente.
No obstante, al llegar al puerto nuestra percepción cambio mucho. Si bien no dejaba de ser una ciudad grande, el mercado los cafés locales eran muy auténticos, buena comida y barata, mucha gente local, buena ambiente sin cazaturistas… y la puesta de sol muy espectacular también.

Un día fue suficiente para ver “KK” así que nos dirigimos a Sandakan, otra ciudad sin encanto desde donde salen todas las expediciones a la selva. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de lo que sólo habíamos leído en la red: La selva prácticamente ha desaparecido en Borneo. En su lugar hay miles de hectáreas de plantaciones de palmeras ( conocidas allí como “palm oil tree”), cuyo aceite es el mayor producto de exportación de Borneo. Greenpeace hace años que está denunciando este abuso, principalmente porque la fauna está desapareciendo con el ecosistema. No parece que surja mucho efecto la verdad. La consecuencia para el turista es la siguiente: quedan apenas 4 reservas primarias en el Borneo malayo y pasar un día allí cuesta la friolera de 1000 € al día por habitación, eso si puedes conseguir reservar. Hay otras alternativas pero selva primaria es difícil de ver. Por suerte hay muchas otras opciones para backpackers que valen mucho la pena y a precios normales.
De vuelta a la realidad fuimos a visitar el Kinabatangan River. Fueron 3 días espectaculares viendo un montón de animales ( los que nos conocéis ya sabéis que nos encantan): monos proboscis, especie que sólo puedes ver en Borneo, elefantes pigmeos, lagartos, pájaros superraros y hasta un orangután salvaje, bastante difícil de ver lamentablemente. Muy parecido a nuestra experiencia en Las Pampas de Bolivia. Pasamos los días haciendo caminatas nocturnas ( Claudia muerta de miedo), expediciones en lancha por el río, en fin, una gozada. Como ya tuvimos una experiencia con las sanguijuelas en la India, decidimos ir preparados y nos compramos calcetines “antilichees”, estábamos de lo más auténtico.

No todo podía ser perfecto. La última noche me empecé a encontrar fatal, y al día siguiente aún peor, así que después de varias horas en el hotel tuvimos que ir a una clínica a ver que pasaba. 3 horas en coche con un embotellamiento de película debido al Hari Raya, la fiesta del fin del Ramadán, Casi como la Navidad musulmana. La clínica estaba cerrada y yo no podía más, a 39 de fiebre, con un dolor de estómago impresionante…. y aquí llega la imagen ( lástima que la tenga que describir porque era de foto): el taxista me empezó a masajear la barriga con una crema tipo Vicks Vaporub para que se me pasara, yo delirando y Claudia llamando a mi hermana y mirando vuelos de urgencia a KL, pensando que podría ser una apendicitis o un cólico… MENUDO SHOW. Una vez en la clínica me diagnosticaron una gastritis que en dos días se pasó casi por completo, pero el susto fue épico.

Después de la experiencia nos dedicamos a ver la reserva de orangutanes de Sepilok, que nos encantó. Orangutanes desplazados principalmente por la destrucción de la selva son llevados a esta reserva para ser después reinsertados. No es un zoo, tienen un montón de espacio y parecen felices. Puedes visitarla a la hora de comer para verlos. Creo que es una buena solución pues se financian y no es aparentemente estresante para los animales si la gente respeta el silencio y las distancias( cosa que con varios turistas chinos no sucedió y me puso de franca mala leche).

Nuestros pies nos llevarían después a la famosa isla de Sipadan pero eso ya os lo contamos en el próximo post.

Ya sabéis que si necesitáis cualquier cosa podéis contactar con nosotros aquí, y como siempre hemos subido als fotos a Picasa.
Safe travels!
M&C